Lo indisponible (Hartmut Rosa)
¿Os acordáis de pequeños cuando llegaba la primera nevada de invierno? Era como la irrupción de otra realidad. Para H. Rosa, esta nevada (junto con muchas otras cosas) es lo indisponible: no podemos fabricarla ni conseguirla por la fuerza; ni siquiera podemos preverla con seguridad. Y mucho menos podemos atrapar la nieve, apropiarnos de ella. Si la cogemos con las mano, se nos derrite, si la llevamos a casa se nos escurre; y si la guardamos en el congelador deja de ser nieve.
En nuestra relación con la nieve se ve reflejado el drama de la relación moderna con el mundo, en esta época de post modernidad que nos has tocado vivir, esta forma de vida que denominamos "moderna" esta impulsada por la idea, el anhelo y el deseo de poner el mundo a disponibilidad.
Pero ya nos avisa el autor que un mundo completamente conocido, planeado y dominado es un mundo muerto.
La vida transcurre en un interjuego entre los disponible y aquello que permanece indisponible. El encuentro con lo disponible y el anhelo o la lucha por ponerlo a disponibilidad atraviesan como un hilo conductor todos los ámbitos de nuestra vida.
H. Rosa plantea una hipótesis inicial: en la medida en que nosotros, los tardomodernos, apuntamos a poner al mundo a disponibilidad, este nos encuentra siempre como un "punto de agresión" es decir como un conjunto de objetos a ser conocidos, alcanzados, conquistados, dominados o usados. Precisamente de esta manera parece escapársenos la vida, aquellos que constituye la experiencia de la vivacidad y el encuentro; aquellos que posibilita la resonancia. Esto a su vez produce angustia, temor, ira e incluso la desesperación; sentimientos que luego, entre otras cosas, se ven reflejados en comportamientos políticos imponentes y agresivos.
Para los sujetos tardomodernos todo lo que aparece debe ser conocido, dominado, conquistado y aprovechado. Consideremos la relación con nuestro propio cuerpo. Todo lo que percibimos de el esta sujeto a la presión de la optimización. Nos subimos a una bascula: nuestro peso debe de ser reducido. Nos miramos al espejo: el grano o la cicatriz debe desaparecer. Medimos nuestra presión sanguínea: deberíamos bajarla, los pasos diarios, el nivel de insulina...
Pero también aquello que nos encuentra fuera de nuestro si-mismo porta este carácter de exigencia: las montañas deben ser escaladas; los exámenes, aprobados: los peldaños profesionales, ascendidos; los amantes, conquistados: los lugares, visitados y fotografiados; los libros, leídos; las películas, vistas; etc.
La vida cotidiana esta llena de quehaceres, pero ¿Esto es normal? ¿No fue siempre así? ¿El mundo y la realidad no aparecen siempre para nosotros, los seres humanos, como una resistencia?
Según H. Rosa, esta normalización y naturalización de una relación agresiva con el mundo es el resultados de un proceso de conformación social que se desarrolla desde el siglo XVIII, como consecuencia de este cambio, la estructura fundamental de la sociedad solo puede mantenerse a través de un constante incremento. Una sociedad es moderna cuando solo puede estabilizarse de manera dinámica, es decir, cuando necesita el constante crecimiento (económico), la aceleración (técnica) y la innovación cultural para mantener su estatus quo institucional.
Cuatro dimensiones de la disponibilidad
1) En primera lugar, poner a disponibilidad significa hacer visible o cognoscible, expandir el conocimiento de lo que esta ahí, por ejemplo: telescopios, microscopios..
2) En segundo lugar, poner a disponibilidad significa también poner (físicamente) al alcance o hacer accesible. Por ejemplo: la Luna mediante cohetes, la profundidad del océano a través de submarinos..
3) La tercera dimensión puedes describirse como el intento de volver dominable o poner bajo control un segmento del mundo. En el colonialismo se observa de manera muy grafica y concreta que la producción de conocimiento (Por ejemplo: la cartografía)
4) Volver utilizable o la puesta de servicio de. No se trata de poner el mundo bajo control, si no de convertirlo también en un instrumento para nuestros fines. Por ejemplo: la campas electorales que prometen mas puestos de trabajos, jubilaciones mas altas..
Estas 4 dimensiones de puesta a disponibilidad están institucionalizadas de manera muy solida en las instituciones basales de la Modernidad: la ciencia, el desarrollo de la técnica, el desarrollo económico y las regulaciones legales y aparatos político-administrativos, estos intentan volver calculables y manejables los procesos sociales; un intento que sugiere H. Rosa corre el riesgo de fracasar.
La contracara paradójica: el misterioso repliegue del mundo
La tesis de Rosa en este punto es la siguiente: este programa de puesta a disponibilidad del mundo, institucionalmente impuesto, no solo no "funciona" sino que se trueca en su contrario. El mundo puesto a disponibilidad parece cerrársenos científica, técnica y políticamente y eludirnos de manera misteriosa; se repliega y se torna ilegible y mudo. Y aún más: aparece de manera simultánea como amenazado y amenazante; y , con ello, en última instancia, como constitutivamente indisponible. No es casualidad que los sujetos tardomodernos nombremos al mundo como medio ambiente, o como el "global" de la globalización político-económica
Este repliegue del mundo ante la intervención humana se vuelve palpable por ejemplo en el pensamiento de Karl Marx, en sus escritos tempranos observa una "alienación" múltiple del ser humano respecto al mundo que lo encuentra. Según la concepción de Marx, la existencia humana está esencialmente definida por el echo de que debemos elaborar el mundo para apropiarnos de el, es decir para alimentarnos, vestirnos, construir viviendas, etc.
A diferencia de otras especies, el metabolismo elemental del ser humano con la naturaleza está mediado por el trabajo, por la transformación de la naturaleza. De esta manera, el mundo aparece como algo a ser elaborado; pero este proceso no es un simple "apropiarse" de la naturaleza sino, una asimilación transformadora: en este proceso de trabajo sobre la naturaleza el ser humano se forma y, en cierto modo, se produce a si mismo; se transforma en el desarrollo histórico de manera conjunta con las fuerzas productivas. En el trabajo nos formamos y transformamos a nosotros mismos, y también formamos y transformamos nuestro entorno y proceso metabólico mismo. Según Marx, sin embargo en la Modernidad este proceso de asimilación transformadora está trastornado de manera fundamental; y bien puede decirse que esto se debe a que nos apropiamos del mundo, pero no lo asimilamos transformadoramente.
También Weber según Rosa tiene un diagnóstico pesimista cultural que se encuentra en algunos pasajes de su obra, el mundo hecho calculable y dominable pierde no solo su magia y sus colores, sino también su sentido y su voz; se "enfría" convirtiéndose en una "carcasa dura como el acero" que carece de espíritu, una carcasa en la cual la razón económica y burocrática impulsa ciega y vacíamente los procesos de incremento hasta que el ser humano se convierte en una "nada" que, sin embargo, cree " haber ascendido a un nivel de humanidad nunca antes alcanzado"
De esta manera la sociología de los clásicos puede entenderse como una empresa destinada a analizar la relación humana con el mundo.
El afán moderno de poner a disponibilidad el mundo mediante la ampliación del alcance produce efectos secundarios paradójicos, estos tienes diversas formas: siguiendo a Marx, alienación en lugar de asimilación transformadora; con Adorno y Lukács, con reificación en lugar de vivificación; en términos de Arendt, como perdida en lugar de ganancia del mundo; con Blumenberg, como ilegibilidad del mundo en lugar de comprensibilidad; y en palabras de Weber como desencantamiento en vez de animación.
La modernidad se ha vuelto incapaz de dejarse interpelar y alcanzar
El mundo como punto de resonancia
La alienación nos dice Rosa es un estado de relación carente de relación en el que el sujeto y el mundo se contraponen uno a otro de manera internamente inconexa, indiferente e incluso hostil.
El modo agresivo de relación con el mundo deviene un problema cuando se convierte en el modo fundamental de toda expresión vital, pues desconoce un hecho básico: el sujeto y el mundo no existen simplemente como entidades independientes, sino que solo pueden surgir como tales a partir de su relación y conexión recíprocas. Los sujetos están siempre en el mundo y son "hacia el mundo" son un todo.
El modo fundamental de la existencia viviente del ser humano no es disponer sobre las cosas, si no entrenar en resonancia con ellas, hacerlas responder a través de su propia capacidad --autoeficacia-- contestando por nuestra parte a dicha respuesta.
¿Cómo se define este modo de relación contrapuesto moderno (la agresión y la experiencia de alienación)?
Rosa no ofrece una tesis: la resonancia, que no solo es una metáfora para describir una determinada experiencia ni mucho menos un estado emocional del sujeto, sino un modo de relación que puede definirse a través de 4 rasgos:
1) El momento de la conmoción (afección): entrar en resonancia con una persona, un paisaje, una melodía o una idea significa ser "internamente alcanzado, conmovido o movilizado por ella"
Se puede traducir como una simple " interpelación". La cosa o la persona desde la cual experimentamos esa interpelación aparece para mostros como "intrínsecamente" (es decir, no solo en términos instrumentales) significativa o importante. Esta conmoción se observa, por ejemplo, cuando la mirada muerta de una persona se ilumina de repente cuando, intempestivamente, se nos llenan los ojos de lagrimas. Estas lágrimas indican que, por un momento, la coraza de la reificación o cosificación -- con la cual solemos operar en un mundo orientado al incremento, la optimización y la dominación-- ha sido perforada y hemos abandonado el modo de la agresión
2) El momento de la autoeficacia (respuesta): Los ojos son ventanas de resonancia; mirar a alguien a los ojos y percibir su mirada responsiva significa entrar en resonancia con el. Sin embargo, también podemos cerrarnos a ello, rechazando al otro con una mirada hostil o ignorándolo con una mirada muerta.
3)El momento de la asimilación transformadora: La modificación de la relación con el mundo es un elemento constitutivo de la experiencia de resonancia: cuando resonamos con el mundo no permanecemos iguales. Las experiencias de la resonancia nos transforman, y precisamente en esto radica la experiencia de la vivacidad. Cuando ya nada puede interpelarnos ni transformarnos, o cuando ya no podemos responder autoeficazmente a las numerosas voces allí afuera, nos sentimos internamente muertos, petrificados; en una palabra: somos incapaces de resonancia. La depresión es el estado en el que todos los ejes de resonancia se han vuelto mudos y sordos.
4) El momento de la indisponibilidad: los estados recién descritos como "patológicos" (o infelices) no pueden modificarse por una decisión voluntaria, y la resonancia no puede ser creada instrumentalmente ni ponerse a disponibilidad. No existen un método o siete o nueve pasos para garantizar que resonemos con los seres humanos o las cosas.
Concluye Rosa este apartado con una tesis: la modernidad está culturalmente orientada y estructuralmente constreñida por su complexión institucional a hacer calculable, dominable, predecible y disponible el mundo en todos los sentidos: a través del conocimiento científico, la dominación técnica, el control político, la eficiencia económica, etc. La resonancia sin embargo, no puede ponerse a disponibilidad: esta es la contrariedad constitutiva y más importante de esta formación social; es su contradicción fundamental, aquello que produce siempre nuevas variantes de ciudadanos enojados.
Envejecimiento y enfermería
Mucho puedo decirse acerca de la relación moderna con la enfermedad en general. Como lo muestra Giovanni Maio, la enfermedad aparece como aquello que en principio debe ponerse bajo control, como algo que deberíamos poder impedir mediante una alimentación saludable, suficientes horas de sueño, movimiento físico, etc., o que podemos vencer y eliminar con medios médicos. La relación moderna con la enfermedad es una relación de agresión pura --¡deshazte de ella!-- , y cuando no podemos ganarle aparecemos como fracasados sin autoeficacia <<Cuanto más técnica se nos ofrece y cuanto mas se considera la enfermedad como algo meramente desastroso ante lo cual solo se puede reaccionar mediante la lucha, y no mediante la ocupación, tanto más se vuelve imposible para él vivir con la enfermedad>> , escribe Maio.
¿Y si hay una alternativa?, una actitud de escucha y respuesta, una actitud que concibe la enfermedad como "destino" y le adjudica una voz a la que preciso responder en la conducción de vida.
La indisponibilidad del deseo y el deseo de lo indisponible
No podemos dispones de nuestro propio deseo, no podemos ni controlar nuestro deseo o nuestra libido: no decidimos voluntariamente a quién deseamos erótica o sexualmente ni qué practicas sexuales nos excitan, y tampoco definimos a voluntad nuestros gustos a la hora de comer, beber, vestirnos o elegir nuestra vivienda.
Un juego solo es interesante cuando no podemos disponer completamente de su resultado ni su transcurso, tanto en el juego como en el amor la indisponibilidad no significa pura contingencia ni ciega casualidad, si no indisponibilidad responsiva: de lo que se trata es de relaciones de respuesta, aun en los casos extremos en los que la respuesta solo puede ser soñada: por ejemplo, cuando amamos a alguien inalcanzable.
De hecho aquí radica la estructura fundamental del deseo: esta impulsado por el anhelo de volver alcanzable algo (aún) inalcanzable.
Rosa afirma que la estructura fundamental del deseo humano consiste en un deseo de relación: queremos alcanzar o volver alcanzable algo que no está "a la mano". Este algo puede ser, entre otras cosas, una guitarra nueva, una tablet, un lago o una persona querida. En todos estos casos, el deseo se orienta a entablar una relación responsiva con lo deseado, el deseo se extingue cuando ya no hay nada más que "descubrir" en la contraparte, cuando dominamos y controlamos todas sus propiedades, esto es, cuando disponemos completamente de ella.
La disponibilidad total extingue el deseo: el juego se vuelve superfluo; la música se torna aburrida; el amor se enfría. En lo referente al deseo, la disponibilidad total no tiene sentido, mientras que la indisponibilidad total carece de atractivo.
Uno de los errores fundamentales de la Modernidad es haber transformado la añoranza de alcanzabilidad responsiva (abierta a los resultados) en el deseo de disponer (con seguridad) sobre el mundo y en haber institucionalizado ese deseo a través del programa de ampliación del alcance, esto es, a través de la puesta a disponibilidad del mundo.
A diferencia de las formas de relación, los objetos pueden ser puestos a disponibilidad de manera segura y abarcadora; por ello, la lógica de la economía mercantil capitalista y del consumo se basa en responderle a la (insaciable) añoranza de resonancia con una promesa de disponibilidad
Un mundo completamente disponible no solo carecería de todo atractivo, si no también de resonancia: en el ya ni habría nada más que desear.
Si el mundo dejara de aparecer como un punto de agresión para mostrarse como un punto de resonancia --esto es, si en lugar de encontrarnos con él en el modo de agresión, la dominación, el control y la puesta a disponibilidad, lo hiciéramos en una actitud de asimilación transformadora, de escucha y respuesta autoeficaz dirigida a una alcanzabilidad responsiva mutua--, el juego del incremento perdería su sentido y, lo que es aún más importante, su energía psicológico-motivacional. En este casi otro mundo sería posible
Palabras finales
La indisponibilidad que ha surgido de los procesos de puesta a disponibilidad genera una alineación radical. El programa moderno de ampliación del alcance del mundo, entendido como un programa que transforma a este en una colección de puntos de agresión, produce entonces un temor doble: al silenciamiento del mundo y a su perdida. Allí donde esta "todo disponible" el mundo ya no tiene nada que decirnos; allí donde se ha vuelto indisponible de una manera novedosa, ya no podemos oírlo por que ha dejado de ser alcanzable.
Acciones prácticas cotidianas como cocinar, comer, dar a luz, criar niños e incluso dormir, caminar, encender la calefacción, ventilar la habitación, acariciar o amar --actividades que tuvimos a disposición durante siglos y que eran una fuente constante de relaciones autoeficaces con el mundo-- se convierten de repente en ocasión de tremendas experiencias de de inseguridad e impotencia. Nuestra cotidianeidad parece volverse indisponible para nosotros en términos de la acción práctica; y ni siquiera los expertos, que parecen ser el refugio de la disponibilidad "posible en principio", están en condiciones de generar siquiera la impresión de un dominio a través del cálculo.
Defendamos y respetemos la noche como defensa y respeto por la vida.

Comentarios
Publicar un comentario