La sociedad paliativa (Byung-Chil Han)

 


¡Cuéntame qué es para ti el dolor y te diré quién eres!. Esta frase de Ernst Jünger se puede aplicar al conjunto de la sociedad.

Hoy impera en todas partes una "algofobia" o fobia al dolor, la cual se basa en un cambio de paradigma. Vivimos en la sociedad de la positividad que trata de librarse de toda negatividad. El dolor es negatividad por excelencia.

Pero en la sociedad actual se quiere evitar los pensamientos negativos y reemplazarlos por ideas positivas, incluso la psicología obedece a este cambio de paradigma y pasa de la psicología negativa como "psicología del sufrimiento" a una "psicología positiva" que se ocupa del bienestar, la felicidad y el optimismo.

Comenta Chil Han que la ideología neoliberal de la resiliencia toma las experiencias traumáticas como catalizadores para incrementar el rendimiento. El entrenamiento de la resiliencia como ejercicio de fuerza psicológica tiene por función convertir al hombre en un sujeto capaz de rendir, insensible al dolor en la medida de lo posible y continuamente feliz.

David B. Morris dice que los norteamericanos actuales probablemente forman parte de la primera generación en la tierra que considera la existencia sin dolor una derecho constitucional. ¡Los dolores son un escandalo!

La sociedad paliativa además es una sociedad del "me gusta". Es victima del delirio por la complacencia, todo se alisa y pule hasta que resulte agradable- El like es el signo y también el analgésico del presente. Domina todos los ámbitos de la cultura. NADA DEBE DOLER, no solo el arte si no la propia vida tiene que poder subirse a Instagram, es decir debe carecer de aristas, conflictos y contradicciones que pudieran ser dolorosos.

Olvidamos que el dolor purifica, que opera una catarsis. La cultura de la complacencia carece de la posibilidad de catarsis, y así es como uno se asfixia entre las escorias de la positividad.

Esta cultura de la complacencia tiene causas muy variadas. En primer lugar los productos culturales están cada vez mas sometidos a la presión del consumo. Tienen que asumir una forma que los haga consumibles, es decir, agradables. Esta conversión de la cultura en economía viene acompañada de la conversión de la economía en cultura

Los propios artistitas se ven forzados a registrarse como marcas. Se ajustan al mercado y se vuelven complacientes para parecer agradables.

La creatividad quedar tiranizada ha estrategia económica, la creatividad no permite más que variaciones de lo mismo. No puede alcanzar lo totalmente distinto. Carece de la negatividad de la fractura, que es dolorosa. El dolor y el comercio se excluyen.

Decía Adorno aquello de que el arte tiene que causar "extrañeza respecto al mundo". El arte tiene que poder resultar chocante, molestar, perturbar, e incluso tiene que poder doler. El arte del bienestar es una contradicción.

También la vida que que rechaza todo dolor es una vida cosificada. Lo único que mantiene la vida con vida es "estar impresionado por lo otro". De lo contrario se queda apresada en el infierno de lo igual.

En la actual sociedad disciplinaria señala Foucault que la sociedad disciplinaria  aplica el dolor de manera mas discreta. El dolor sigue teniendo un papel constructivo. Forma al hombre como medio de producción. Pero ya no se exhibe públicamente, si no que se relega a espacios disciplinarios cerrados, tales como cárceles, cuarteles, manicomios, fábricas o escuelas.

Jünger designa como "disciplina" aquella "forma mediante la cual el ser humano mantiene contacto con el dolor", precisamente el trabajador de Jünger es una figura de disciplina. Con el dolor se endurece.

La vida heroica que, aspira incesantemente a mantener el contacto con el dolor es agua pasado, en esta época posindustrial y posheroica el cuerpo no es avanzadilla ni medio de producción. A diferencia del cuerpo disciplinado, el cuerpo hedonista, que se gusta y se disfruta a sí mismo sin orientarse de ninguna manera un fin superior, desarrolla una postura de rechazo hacia el dolor. Le parece que el dolor carece por completo de sentido y utilidad.

También la voluntad de combatir el dolor a toda costa hace olvidar que el dolor se transmite socialmente. El dolor refleja desajustes socioeconómicos de los que se resiste tanto la pisque como el cuerpo. Los analgésicos, prescritos masivamente, ocultan las situaciones sociales causantes de dolor.

  Reducir el tratamiento del dolor exclusivamente a los ámbitos de la medicación y la farmacia impide que el dolor se haga lenguaje e incluso crítica.

 La sociedad paliativa despolitiza el dolor sometiéndolo a tratamiento medicinal y privatizándolo. De este modo se reprime y se desbanca la dimensión social del dolor. Los dolores crónicos que podrían interpretarse como síntomas patológicos de la sociedad del cansancio no lanzan ninguna protesta.

El cansancio es apolítico en la medida que representa un cansancio del yo. El cansancio del yo es la mejor profilaxis contra la revolución.

La pandemia volvió a hacer visible la muerte la cual habíamos reprimido y desterrado, La sociedad de la supervivencia que afloro en pandemia perdió toda su capacidad de valorar la buena vida, la prolongación de la vida a cualquier precio se acaba convirtiendo a nivel global en un valor supremo, que relega todos los demás valores. De buena gana sacrificamos a la supervivencia todo lo que hace la vida digna de ser vivida,

En tiempos de pandemia el campo de trabajo se llama "teletrabajo". Lo único que lo diferencia del campo de trabajo del régimen despótico es la ideología de salud y la paradoja libertad de autoexploración.

Hasta los sacerdotes guardan distancia social y llevas mascarillas. Sacrifican completamente la fe en la supervivencia. La virología derroca la teología

Esa extraña manía que tiene el hombre de sobrevivir a toda costa..

Quien no es capaz de morir en el momento oportuno, forzosamente perecerá a deshora. Envejecemos sin hacernos mayores.

El dolor carente de sentido solo es posible en una vida vacía de sentido, reducida a pura supervivencia y que ha dejado de narrar. Es el dolor lo que pone en marcha la narración.

Hoy vivimos en una época post narrativa. Lo que define nuestra vida no es la narración, si no el recuento. La narración es la capacidad del espíritu para superar la contingencia del cuerpo. ¿Tendrá razón Benjamin con la idea de que la narración cura toda enfermedad?

Benjamin se pregunta si "toda enfermedad no sería curable con tal de que se dejara llevar por la corriente de la narración lo bastante lejos.. hasta la desembocadura". El dolor es un dique de contención, que al comienzo ofrece resistencia al a corriente de la narración. Pero ese dique revienta cuando el desnivel de la corriente es lo bastante pronunciado como para ella arrastre con su fuera hasta el mar del feliz olvido todo cuanto encuentra a su paso.

El cuento de La princesa y el guisante se puede leer como una metáfora del sujeto postmoderno


Un guisante bajo los colchones le causa a la futura princesa tanto dolor que se pasa una noche en vela, Las personas padecen hoy el "síndrome de la princesa el guisante" La paradoja de este síndrome de dolor consiste en que cada vez se sufre mas por cada vez menos, El dolor no es una magnitud que se pueda constatar de manera objetiva, si no una sensación subjetiva. Unas expectativas cada vez más altas puestas en la medicina, unidas al sinsentido del dolor hacen que incluso dolores insignificantes resulten insoportables.
Si desaparece el dolor de guisante, entonces la gente empieza a sentir dolores por que los colchones son blando. 

Al fin y al cabo, lo que duele es, justamente el persistente sinsentido de la vida misma..

¿Cuál sugiere Chil-Han que es el espíritu del dolor?

Basándose en Hegel y en su dialéctica..

El espíritu "solo alcanza su verdad hallándose absolutamente desgarrado de sí mismo". Su poder se revela en que mira lo negativo a la caray se queda a su lado. Por él contrario lo positivo, que parte la mirada de lo negativo, se atrofia reduciéndose a un ser muerto. La negatividad del dolor es lo único que mantiene con vida el espíritu. EL DOLOR ES VIDA.

La inteligencia artificial es incapaz de tener experiencias. El dolor es lo único que transforma la inteligencia es espíritu. No hay algoritmos del dolor. Solo el gran dolor, el dolor lento y duradero que se toma su tiempo die Nietzsche, es el ultimo liberador del espíritu. 

Nietzsche de dolor sabia un rato, pues recordemos que paso la mayor parte de su vida con fuertes dolores, aprendió tanto de su dolor que nos dejo frases como estas:

"Y en lo tocante a mi larga enfermedad, ¿no le debo indeciblemente mucho mas que a mi salud? Le  debo una salud superior, ¡una salud tal, ante todo lo que la mata, se hace más fuerte - Le debo también mi filosofía."

A diferencia del placer, el dolor pone en marcha procesos reflexivos, Proporciona al espíritu una claridad dialéctica por excelencia. Hace al espíritu mas vidente. Inaugura una nieva manera de ver.

No podemos evadirnos del dolor pues quien pretenda erradicar todo dolor tendrá que eliminar también la muerte. Pero una vida sin muerte ni dolor ya no es una vida humana sino una vida muertos vivientes. El hombre abjura de sí mismo para sobrevivir. Posiblemente llegue a alcanzar la inmortalidad, pero habrá sido el precio de la vida.

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